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Una Gran Oportunidad



Cuando inició la pandemia y poco sabíamos de esa enfermedad, yo sentí la urgencia de hablar con ella y pedirle que se cuidará mucho. No quería perdernos la posibilidad de volvernos a encontrar. Mirar a tantas familias perdiendo seres queridos me ayudó a conectar con mis sentimientos más puros, lejos de los reproches y reclamos. Conforme los meses pasaban todos en la casa la extrañábamos más y más: su alegría, sus risas, su disposición.

Verán... yo no crecí con mi mamá. Y soy su única hija. Vino a Nicaragua hace varios años cuando su estatus legal se lo permitía y decidió regresarse a Estados Unidos a inicios del 2019.


Le pedimos varias veces que hiciera lo posible por venir cuando los viajes se restablecieran... finalmente viajó a finales del año pasado y casi que cancela debido a las noticias de las variantes. Pero yo insistí y le dije que no se preocupara, que todo saldría bien y así fue.


Este reencuentro fue muy diferente. Casi todos los días eran como una celebración con ella acá: no importaba si era una salida juntos a comer fuera, jugar naipes o comernos algo sencillo hecho acá en casa. Pero el momento más hermoso de todos esos días fue en este paseo al mar.


De repente reflexioné que en toda mi historia de vida solo vi lo ocurrido desde mi perspectiva... yo era la niña que creció sin su mamá. Y ella era la mamá que se fue. Finalmente pude verla a ella y sentí lo difícil que fueron todas esas decisiones... entendí que ella hizo lo que en ese momento pudo o sintió que podía.


Entendí que hay muchas cosas que no sé de su historia de vida y que así como yo crecí con el vacío de ella, ella también no me tuvo a mi. Pero que estábamos ahí en familia, con mis hijos, sus nietos y mi esposo, su yerno. Fluyendo como nunca antes... que a pesar la pandemia ahí estábamos. Que el regalo de encontrarnos y fortalecer nuestro vínculo era una gran oportunidad.

Ya no importaba lo que no tuvimos porque es mucho más lo que sí podemos tener con total intencionalidad y reciprocidad.


Me sentí tan feliz porque algo dentro de mi sanó en esa reflexión. Y desde ese momento lo que más quiero es que ella se sienta tranquila, sin reproches, ni reclamos, ni lamentos del pasado. Mi mamá es una mujer jovial, que cuida su salud, su bienestar emocional y mental. Es alegre, sobre todo, muy alegre y optimista. A pesar de no crecer con ella el recuerdo de su piel en mi piel cargándome me acompañó toda mi vida y cuando yo como mamá cargué a mis hijos para darles pecho, conecté con esa misma sensación que tenía en la memoria de mi piel.


Hoy mi mamá está de cumpleaños y quiero que sepa que agradezco que haya regresado aún cuando fui distante, indiferente, grosera o limitaba mis sentimientos hacia ella, y se mantuvo sin insistir, sin presionarme, dándome mi chance porque ella sabía que en algún momento esto pasaría y llegaría nuestra oportunidad.


Ella nunca dejó de creer en nosotras.

Saben la pandemia trajo claridad a mis sentimientos y mucho agradecimiento porque ella sigue viva... si, ya no puedo ir atrás en el tiempo para aprovechar mejor todos esos momentos cuando ella regresó a Nicaragua... pero si podemos darnos la una a la otra todo el cariño y compañía el tiempo que nos queda de vida.


Y eso es lo que importa.

____________ Comparto esto con uds porque nunca pensé que ese momento llegaría. Desde entonces trato de ver todo con una perspectiva más amplia y reviso mi historia de vida para no verme a mi misma como la niña herida, triste y sola... y reconocer que todos venimos de familias con heridas heredadas, que nuestros padres también fueron niños, y nuestros abuelos también. Que es importante revisar cómo fueron los vínculos de generaciones pasadas y los conflictos, carencias, precariedades que enfrentaron. Ahí hay muchas explicaciones importantes.


"La vida por sí misma nos pone en situaciones de dolor y ese dolor también nos puede servir para reconocer el amor, sanar y crecer".


 

Si alguno de uds lee esta reflexión y ha tenido una historia similar de vida sepan que sanar es una posibilidad real. Que si sienten que les cuesta o tienen aún mucho dolor, enojo, tristeza o frustración y no se sienten capaces de lograrlo aunque quieran, busquen ayuda. Ayuda puede ser alguien que les escuche o alguien con quien platicar. Puede ser una amistad, un colega, un libro y claro también un terapeuta. El camino es diferente para cada persona... pero sanar es posible. Algunas veces no podrán mejorar el vínculo existente pero sí su manera de ver lo ocurrido y eso ya es un avance. A veces el sufrimiento generacional es tan grave que hay relaciones que es mejor no retomar. Sanar no es igual para todos. Dense chance de explorar lo que significa para uds...

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