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La diferencia entre poner un negocio y hacer realidad un sueño


TORTILLERÍA CHILITO (ARCHIVO LPS DIC/2019)

Hoy me desperté pensando en las personas que de repente pierden su empleo, les toca buscar otro, no encuentran y ni modo, "A EMPRENDER". Luego están quienes simplemente dicen "quiero poner un negocio"... "quiero algo que dé billetes"... "ya estoy harto de trabajarle a otros" ... "si voy a hacerle la bolsa a alguien que sea a mi mismo"... y entonces a algunos los van a ver:

Fijándose en los negocios de otras personas y si les va o no bien, empiezan a hacer números y se lanzan cuando ven que les puede ir bien pero cometen el error de querer copiar al otro, y peor aún, lanzarse abiertamente en una competencia desleal para "ganarle" los clientes a su competencia.

Otros aunque no hagan lo anterior, van solo por el dinero sin obtener satisfacción real con lo que hacen y encima con una apuesta mediocre: no tratan bien a sus trabajadores, ofrecen salarios mínimos (o ni eso!), no les interesa dar calidad ni en la atención, ni en el producto o servicio, solo quieren vender y si los clientes no tienen otra opción cerca pues mejor, les cobran lo que les da la gana, no cumplen con sus horarios, y en pocas palabras, les vale y se confían en la necesidad tanto de trabajo para los trabajadores, y en la del servicio o producto de parte de los clientes. Se creen el único vaso de agua con hielo en el desierto. Ni que decir de las garantías, o el soporte técnico: ausentes! Ellos solo ven el hoy y punto. Si el negocio va mal, lo cierran y dicen que la gente es tonta y no supo valorar su oferta, o el mercado no estaba preparado para ellos... "son unos ignorantes", "son unos pinches", "quieren todo gratis"... etc... y aparecerán por otro lado con otra "grandiosa idea" dejando detrás trabajadores sin sus pagos, clientes insatisfechos y si tuvieron socios, con más pérdidas que ellos.

"la gran diferencia entre poner un negocio y hacer un sueño realidad, es palpable, indiscutible"

Por favor, no pongan un negocio si lo único que les interesa es hacer dinero, porque la gran diferencia entre poner un negocio y hacer un sueño realidad, es palpable, indiscutible... a estos soñadores los vas a ver:

Lo dan todo. Apuestan todo por su sueño (desvelarse, madrugar, dejar lujos, ahorrar, prepararse, investigar, hipotecar sus bienes, pedir ayuda). Muchos dejan en último plano la vida familiar, de pareja o el autocuido, les cuesta mucho poner límites sanos porque ven en el sacrificio el camino para desarrollar el negocio más rápidamente. Esto puede ser necesario y hasta conveniente hasta cierto punto porque el costo de seguir así indefinidamente es muy alto y creo que tampoco vale la pena. Se sacrifican hoy para gozar mañana y el mañana, a veces no llega o cuando llega, no se disfruta como creían.

Eligen con cuidado a potenciales socios. Tienen sumo cuidado al elegir o aceptar a las personas con quienes asociarse por capital y dejan todo, absolutamente todo claro desde el principio, promueven siempre una comunicación abierta y se protegen mutuamente con un contrato bien hecho.

Conocen sus limitaciones y se asesoran de especialistas legales, contables, de marketing, etc. Saben sus limitaciones y que para llegar lejos deben hacer una apuesta completa, integral, enfocada siempre en la excelencia. Y si no tienen recursos para pagar esas asesorías, estudian, investigan, buscan programas de ayuda para emprendedores, en fin dedican tiempo para organizarse bien y arrancar mejor estructurados y con mayor claridad de lo que implica el negocio, sus riesgos, responsabilidades y oportunidades.

Contratan cuidadosamente a su personal, buscan personas motivadas, con carisma, incluso personas que se ven soñadoras y que en algún momento se irán en el futuro para hacer realidad sus propios sueños, y eso no los intimida, al contrario, buscan personas con vocación, sueños y propósitos. No al que mete papeles en todos lados y acepta cualquier trabajo por necesidad, y así de la misma manera se irá cuando encuentre otro.

Piensan siempre en cómo mejorar, hacen preguntas a sus amigos, familia, clientes, trabajadores... y no se toman nada personal, les gusta escuchar esas opiniones y ajustan lo necesario para que su proyecto sea exitoso.

Son humildes y tienen los pies bien puestos sobre la tierra, saben que el inicio es duro y no les interesa aparentar un éxito que aún no han alcanzado, y las ganancias cuando empiezan a tenerlas, las reinvierten: tienen una lista de todo lo que deben ir mejorando o adquiriendo. No se van de vacaciones a celebrarlo.

Aman lo que hacen. La idea viene generalmente de un gusto o experiencia personal que transforman en una idea de negocio. Disfrutan llegar cada día a su empresa, platicar con sus trabajadores, compartir con ellos, ser accesibles, promover la eficiencia y que nadie deba quedarse hasta tarde o llevarse trabajo a la casa.

Comparten los beneficios. Tienen en mente mejorar el clima laboral, las condiciones de trabajo, los beneficios, etc. Si a la empresa le va bien, a todos les va bien. Apoyan a la comunidad y se integran para contribuir desde lo que hacen en transformaciones positivas.

Son abiertos, transparentes y generosos. Comparten cómo les nació su sueño y hasta apoyan como mentores a otros soñadores en sus primeros pasos porque quieren ser parte de las transformaciones positivas y saben que no basta con un soñador a cargo.


Los soñadores son los que propician grandes transformaciones y logran cambios donde los escépticos, apáticos o cínicos sólo ven impedimentos.

He tenido la dicha de platicar con muchos soñadores y darme cuenta fácilmente cuándo me topo con uno. Lo más importante que tuvieron que vencer fue el miedo, y ¿cómo se vence el miedo?: cuando estamos seguros de nuestro compromiso con lo que queremos hacer y hacemos todo lo posible por lograrlo al educarnos y formar un equipo... cuando sabemos que aunque sea nuestro sueño, para que funcione debe convertirse en un sueño compartido y soltar un poco el querer controlar cómo debe evolucionar porque luego de vencer el miedo, toca escuchar, adaptarse, mejorar.


Y los que surgen de la nada, sin motivo, sin propósito y sin privilegios, con casi todo en contra y nada a favor...

Por supuesto que hay soñadores que surgen de la necesidad de hacer algo y sin saber el qué, improvisan, tienen muchas limitaciones y no pueden cumplir con todo lo que quisieran, muchos ni siquiera tienen trabajadores y son ellos y sus familias los que asumen todas las funciones.


Pueden estar sin un plan, sin metas, sin sistemas, sin tecnología y con limitados o nulos conocimientos de ventas, mercadeo pero tienen algo fundamental MOTIVACIÓN Y COMPROMISO POR LA MEJORA CONTINUA. Son conscientes de sus carencias y tienen el objetivo de irlas saldando poco a poco. Y encuentran la manera de enamorarse de lo que les tocó jinetear. No lo eligieron desde la pasión de un sueño... fueron las circunstancias que se presentaron. He visto casos así y mi admiración es aún mucho mayor porque surgen con muchas condiciones en contra pero la fuerza con la que avanzan es impresionante.


¿Qué hacemos con nuestros sueños y los sueños de los demás? Ayudarnos mutuamente!! Todos tenemos de alumnos y maestros... el conocimiento y la experiencia fluyen de todas partes.

Así pues les invito a observar y observarse... si ven a un emprendedor apasionado, con esos ojos que brillan y pueden darle consejo ahí donde le haga falta obsequien su tiempo para una plática y darle ideas o guiarle el camino hacia la mejora de alguno de sus procesos. Si uds no cuentan con la experiencia o conocimientos, sean ese cliente que se comunica y pide lo que le gustaría como mejoras, no se queda con la incomodidad para simplemente irse (y no regresar) sin dar ese chance de que esta otra persona conozca su punto de vista y lo tome en cuenta.


Finalmente si uds son ese emprendedor que no le ha encontrado ese gusto a lo que hace, trate de darle la vuelta y encuentre maneras de agregar amor y valor en su día a día... siempre hay algo que se pueda mejorar, todo es estar dispuestos a cuestionarnos y abiertos a probar. Yo les reconozco y no les juzgo, cada persona tiene un contexto de vida, creencias, experiencias, aprendizajes que nos van formando y programando en nuestro comportamiento. Sumado a esto vivimos en una era de alta complejidad, cargas mentales elevadas, muchas distracciones y ruidos, referentes superfluos, incertidumbre económica y ahora hasta podemos considerar que en cualquier momento podría desatarse una nueva pandemia. Así que sin ser alarmistas o pesimistas, tenerle gusto a lo que uno hace es definitivamente un arte y un acto de fe, porque el mundo como tal no se muestra tan inspirador ni acogedor. El mundo está lleno de adornos pero sigue siendo salvaje y sino somos aliados, nos destruimos mutuamente. Somos nosotros con nuestros sueños, valores y perseverancia los que creamos nuestras microrealidades utópicas.


Enfoquémonos pues en lo que sí podemos controlar y lo demás que no nos quite nuestra capacidad de dormir, soñar, sonreír y crear. ❤️🧠💪✨







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