Un colegio diferente...

Actualizado: 15 de abr de 2019


"Mamá... ¿Por qué me metiste al preescolar cuando estaba más pequeña?"

- Porque ya tenías edad para ir a aprender cosas nuevas...

pero tampoco eras muy chiquita como otros niños...

Y porque ahora debo pasar mas tiempo sentada que en el otro colegio?

- No te gusta estar sentada?

No, me aburre estar sentada todo el tiempo...

Mi hija me acaba de decir eso... y yo, en mis adentros pensaba: "Hija si supieras cómo eran los colegios en mi época y fue así que empecé a escribir esta entrada que se volvió algo muy personal..."

En el Liceo Franciscano durante mi primaria la maestra tenía una enorme regla de madera, la ponía arriba de la pared, una pared de esos ladrillos decorados. Al terminar la clase yo me quedaba de último y empujaba la regla para que cayera el otro lado del aula. Al día siguiente la maestra buscaba la regla y no la encontraba... ganábamos todos un poco de tiempo mientras le hacían otra en la carpintería del colegio.


Otro día recuerdo tocaba revisión por piojos... yo me rascaba la cabeza y sabía que andaba "pegada" tenía como 10 años y cuando era mi turno, me corrí por toda el aula para evitarme la revisión, la vergüenza y el pellizco de la maestra.

Yo era esa niña que siempre miraba al icaco... que quería que el tiempo pasara rápido, que hacia demasiadas preguntas tontas, o cuestionaba demasiado a sus profesores. Pasaba además mucho tiempo sola y tenía muchos problemas con mis compañeros... nada femenina, más bien chimbarona.


EL CAMBIO

En enero de 1995 fui operada de peritonitis en la mascota... y fue en ese momento, durante la recuperación en el hospital, que decidí ser la mejor alumna de mi grupo... mi papá dijo: ¿vos la mejor alumna? ¿No has visto tus notas? y sobre todo mi conducta... no me gustaba hacer caso.

Dos clases dejé antes de ese momento decisivo... religión y computación. Religión porque un día después muchas pruebas exitosas, descubrieron garabatos y dibujos en mi cuaderno en vez de los apuntes de la clase. Entonces asumieron que no era posible que mis respuestas fueran buenas en las pruebas y debía haberme copiado. Computación no recuerdo en qué fallé, pero si que me aplazaron. Ni les cuento lo que me hizo mi papá cuando se enteró de ese mega fracaso escolar... en otro país él habría ido preso y yo a un hogar sustituto.

Me propuse ser la mejor alumna y lo logré. Pero lejos de sentirme contenta, me sentía aún más marginada (de por sí ya lo era)... los maestros querían que les pusiera quejas cuando salían del aula... y mis compañeros se desquitaban de muchas maneras. Lo peor fue que al haber demostrado que podía sacar excelentes notas, ahora debía sacarlas obligatoriamente.

En secundaria cambié de colegio y lo tomé como una oportunidad de empezar de nuevo. Nuevas personas que no lo conocen a uno es menos complicado que convencer a quienes ya te ven de cierta manera, pensé.

Me di cuenta de lo importante de tener más tacto, con algunos pelos en la lengua y no ser tan directa ni tan "rara". Pude superar algunas cosas pero lo de rara o diferente, se me quedó para siempre y hoy estoy contenta con haber aguantado las críticas y el rechazo...

¿Cómo sobreviví a un ambiente totalmente disfuncional, violento y lleno de maltrato y cómo he ido aprendiendo a quererme? fue gracias a esa lucha constante de ser yo misma. Mi mente siempre fue mi escape, mis ideas, mis sueños. Quiero que sepan algo: yo nunca acepté todo eso, siempre supe que no era normal... qué tan anormal o qué tan malo lo he venido a descubrir hasta hace poco. Uno bloquea recuerdos, dolores por que nuestra naturaleza nos protege de aquellos que nos debilita. Pero es necesario volver a todo eso para comprender y tomar decisiones. Yo siempre he tenido una actitud de aprendizaje, de todo lo malo siempre he creído que deja algo bueno, y que eso depende de mí.

Yo tenía tanto miedo de alterar algo en ese momento... dos veces "me escapé" de la casa, antes de los 12 años... la primera fui a una iglesia y el padre inmediatamente llamó a mi papá. Yo quedé como la niña rebelde y malcriada que debía aprender a obedecer y agradecer que mi padre se haya quedado conmigo. La segunda vez fui a casa de una amiga y su mamá a escondidas, llamó de nuevo a mi papá. Luego de eso me di cuenta que a nadie le importaba mi historia y nadie quería problemas ajenos. Después pensé muchas veces en pedir ayuda de otra manera, en ser adoptada... pero desde chiquita me enseñaron tanto a tener miedo que solo aprendí a aguantar... llegaría mi día de elegir mi camino, tomar mis decisiones y cometer mis errores. El ser mamá algún día fue algo muy poderoso... otro día les cuento un poco más.

La secundaria pasó, y lo asumí como algo que debía vivir pero nunca me sentí identificada con las clases ni los métodos... pero lo vi como una prueba de vivir en sociedad y adaptarse a cosas que no nos gustan. Si algo he aprendido en todos estos años es cómo el conocerse a uno mismo y el estar en constante búsqueda de sanar y mejorar es tan importante, mi proceso de sanar aún continúa.

Es recientemente que he conocido aún más el valor de crear comunidad, de compartir, de ayudarnos unos a otros, de ser receptivos, de ser propositivos... y pienso entonces: quizá algún día no muy lejano espero, vaya conociendo otras personas raras, diferentes, valientes y solidarias que quieran hacer realidad algo muy grande que transforme nuestras vidas para bien.

Ese algo podría ser un colegio que ayude a los niños a conocerse, a explorar sus talentos, que refuerze lo positivo de ser diferentes y complementarios unos de otros... un colegio que enseñe a amar, a respetar, a resolver conflictos, a darnos a respetar, a soñar, a lograr metas, a aceptar los errores como algo natural, a competir solo con nosotros mismos, a no señalar ni discriminar. Un colegio para la vida donde los padres permitamos que nuestros hijos sean también nuestros maestros.

Un colegio autosostenible, donde los estudiantes cultiven y cocinen sus alimentos, donde existan talleres y laboratorios de todo tipo. Donde surjan startups, donde pueda llegar cualquier niño con capacidades diferentes, donde nadie cuestione tus creencias, raza o credo. Un colegio donde todos quisiéramos estar, donde los niños pasen extrañando durante el fin de semana o las vacaciones... es más, un colegio donde siempre esté sucediendo algo, sin parar... con la fuerza del trabajo voluntario, con la fuerza de la comunidad.

Algún día... Mientras tanto espero ir conociendo a todas esas personas con las cuales lograr algo.


18 vistas

© 2015-2020 por Lubela Parrales. Todos los Derechos Reservados